El presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez reaparecieron juntos en la conmemoración de los 215 años del Ejército Nacional en el Puente de Boyacá, en lo que muchos interpretan como una coreografía política más que una reconciliación genuina. Tras semanas de tensión por la salida de Márquez del Ministerio de Igualdad y los cruces públicos que le siguieron, el Gobierno escenifica unidad en un momento de creciente desgaste institucional. La imagen compartida busca calmar las aguas, pero también revela la fragilidad del proyecto que prometía transformar el país desde las bases.
La ceremonia, aplazada por el paro minero en la región, se convirtió en vitrina para el gabinete y congresistas aliados, mientras Petro justificaba el retraso con un polémico “conflictos sociales normales”. La frase, lejos de tranquilizar, minimiza la gravedad de las tensiones territoriales que siguen escalando. El evento, más político que militar, sirvió para mostrar músculo simbólico en medio de una crisis de credibilidad que golpea tanto al Ejecutivo como a sus promesas de cambio.


