El impacto de los misiles iraníes en Jerusalén
El ataque de Irán a Israel registrado el pasado 16 de marzo de 2026 puso en vilo a la comunidad internacional ante el reporte de proyectiles balísticos sobrevolando la Ciudad Vieja de Jerusalén. A pesar de los rumores virales que sugerían la destrucción del templo, las evidencias técnicas confirman que la Iglesia del Santo Sepulcro no sufrió un impacto directo de un misil, aunque fragmentos de gran tamaño derivados de intercepciones cayeron dentro de su complejo. Según explicó Daniel Hagari, portavoz de las FDI, “la gran mayoría de las amenazas fueron neutralizadas, pero restos de metralla cayeron en zonas civiles”, afectando la periferia de los sitios más sagrados para la cristiandad.
Los hechos se desencadenaron durante una oleada de misiles iraníes en Jerusalén que provocó la activación de las sirenas en todo el distrito central, obligando a los peregrinos a refugiarse en sótanos y estructuras blindadas. Fragmentos metálicos calientes impactaron el tejado del Patriarcado Griego Ortodoxo, situado a escasos metros de la basílica principal, causando daños estructurales visibles pero sin heridos de gravedad en el recinto religioso. Wadie Abunassar, portavoz eclesiástico local, detalló que “la metralla dañó el techo del patriarcado junto al santuario, pero no hubo víctimas” directas que lamentar dentro del perímetro sagrado de la Ciudad Vieja.
Este nuevo ataque de Irán a Israel involucró el lanzamiento de aproximadamente 200 proyectiles, de los cuales una fracción logró penetrar el espacio aéreo de la capital debido a la saturación defensiva, lo que supuso un cambio en la precisión observada en 2024. Las cifras oficiales indican que un fragmento de interceptación de más de dos metros de largo fue retirado de las inmediaciones del Barrio Judío, evidenciando la magnitud del peligro para el patrimonio histórico. El Rabino Shmuel Rabinowitz, responsable de los lugares sagrados, condenó la agresión señalando que “hacer daño al área donde se encuentran los lugares sagrados es un acto grave que no tiene cabida” en el derecho internacional ni en los protocolos de guerra modernos.
La presencia de misiles iraníes en Jerusalén marca una escalada sin precedentes que rompe el tabú tácito de evitar objetivos en los epicentros de fe mundial, a diferencia de los ataques anteriores del 13 de abril y el 1 de octubre de 2024. Los antecedentes sugerían una cautela estratégica para evitar condenas religiosas globales, pero este evento reconfigura las expectativas de seguridad en la región. David Parsons, de la Embajada Cristiana Internacional, sentenció que “denunciamos este ataque deliberado contra Jerusalén, que ha puesto en peligro lugares sagrados venerados” por miles de millones de personas, proyectando una mayor tensión diplomática para el cierre de 2026 con un conflicto que no ha dejado de escalar desde su inicio.

