Avi Loeb Y 3I/Atlas: Entre La Audacia Teórica Y Las Pruebas Observacionales. Una Historia De Pasión Y Convicción

Avi Loeb ha vuelto a situarse en el centro del debate público tras su análisis del objeto interestelar 3I/ATLAS, detectado el 1 de julio de 2025. Profesor en Harvard, director del Instituto de Teoría y Cómputo del Harvard‑Smithsonian y fundador del Galileo Project, Loeb ha combinado su formación en física y matemáticas con una voluntad persistente de explorar hipótesis poco convencionales sobre artefactos tecnológicos extraterrestres. Su lectura de 3I/ATLAS, basada en su brillo, tamaño estimado y una trayectoria inusual, encendió la discusión científica y mediática: “La probabilidad de esa coincidencia es 0.2 por ciento”, dijo, y añadió que la ruta del objeto le parecía tan improbable que “podría haber apuntado al Sistema Solar interior, como se esperaría de una tecnología alienígena”.

3I/ATLAS visto desde KalopaStars en Hawaii, Estados Unidos, el 28 de noviembre del 2025.

La voz de Loeb resuena por su historial y por la claridad de su apuesta metodológica. Desde 2017 su Galileo Project promueve la búsqueda sistemática de tecnofirmas y su trayectoria le ha dado visibilidad para plantear hipótesis audaces; sin embargo, la comunidad astronómica ha respondido con observaciones empíricas que matizan esa interpretación. Espectroscopía y medidas realizadas por distintos equipos han mostrado rasgos compatibles con cometas, incluida la presencia de agua, y una portavoz de la NASA señaló que “ciertamente no hemos visto ninguna tecnofirma ni nada que nos lleve a creer que sea otra cosa que un cometa”, un contrapeso que ha llevado a muchos a descartar la hipótesis tecnológica.

3I/ATLAS visto desde Rayong, Tailandia, donde se aprecian las expulsiones de gas o «jets» estudiados por Loeb, el 29 de noviembre del 2025.

El caso de 3I/ATLAS se lee como una crónica de la tensión entre audacia teórica y verificación observacional. Loeb ha reconocido que lo más probable es que el objeto sea un cometa, pero mantiene interrogantes sobre detalles singulares que, a su juicio, merecen vigilancia y análisis adicionales. La discusión subraya una lección clásica de la ciencia: Las afirmaciones extraordinarias requieren datos extraordinarios, y al mismo tiempo la comunidad debe conservar apertura intelectual para no descartar ideas por su carácter polémico.

Los hallazgos recientes sobre 3I/ATLAS aportan claves técnicas que explican la variabilidad observada y apuntan hacia procesos cometarios más que a una estructura sólida inusual. Tras su detección, la luz del objeto mostró una variabilidad pulsante con un periodo de 16.16 horas constantes y una amplitud de entre el 20% y el 90% de su valor más estable. Observaciones del telescopio Hubble del 21 de julio de 2025 indican que la mayor parte de la luz procede de una coma luminosa y transparente que deja ver el núcleo a través de ella; si toda la luz proviniera de la superficie sólida, el radio efectivo tendría que ser de unos 10 km en luz visible o 23 km en el espectro de onda a 1 micrómetro de ancho de banda para un albedo típico del 4–5%, cifras que resultan incompatibles con la evidencia de la coma. Un límite superior razonable para el radio real del núcleo es de aproximadamente 2.8 km, lo que implicaría que el núcleo refleja menos del 1% de la luz total a 1 micrómetro de ancho de banda. Las imágenes recientes muestran múltiples chorros (o jets) y la hipótesis más coherente es que la variabilidad periódica se debe a pulsos en la pérdida de masa por esos jets: Cuando un gran bolsillo de hielo orientado hacia el Sol se sublima, la coma se “hincha” periódicamente, un latido que se repite cada 16.16 horas exactas. Con una velocidad de salida estimada en 440 m/s, los volátiles sublimados podrían alcanzar unos 25.600 km de largo en ese periodo. Este “latido” explicaría la variabilidad en la luminosidad de 3I/ATLAS pero Loeb busca algo más en ello, ya que el periodo tan exacto entre cada latido y sus direcciones de disparo podrían ser la prueba que necesita. Queda ahora el reto de demostrar que estos “jets” son intencionados y la dirección es deliberada para controlar la trayectoria del desplazamiento del cuerpo.