Cornare lideró una operación sin precedentes junto a la Fuerza Aeroespacial Colombiana para trasladar 22 animales silvestres que no lograron readaptarse a su hábitat natural. Entre ellos, una guacamaya escarlata que olvidó cómo volar, un búho ocelado incapaz de cazar y dos titíes grises que crecieron entre rejas. Todos fueron entregados voluntariamente o rescatados en operativos de control, y ahora reciben una segunda oportunidad en el Parque de Conservación Piscilago, gracias a la gestión directa de Cornare.
Aunque muchos pasaron por procesos de rehabilitación en el Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre de Cornare, sus habilidades naturales quedaron irremediablemente afectadas. Por eso, Piscilago no solo les ofrece refugio, sino también un nuevo propósito: convertirse en embajadores vivos de la biodiversidad colombiana. Cornare insiste en que su presencia busca sensibilizar a miles de visitantes sobre el impacto del tráfico ilegal de fauna y la tenencia irresponsable.

El traslado fue una operación meticulosa, realizada en helicóptero UH-60 Black Hawk, que garantizó seguridad y bienestar para cada especie. Desde tortugas charapa hasta tucanetas esmeralda, todos fueron custodiados con extremo cuidado. “No todos logran volver a la libertad”, expresó Javier Valencia, director de Cornare, recordando que la conservación es una responsabilidad colectiva. En un país donde los zoológicos se transforman en centros de educación ambiental, Cornare reafirma su compromiso con la protección de la vida silvestre y la educación ciudadana.









