Una excursión al Rysy (una cumbre de más de 2.500 metros en la frontera entre Eslovaquia y Polonia) rozó la tragedia cuando una pareja de Lituania emprendió la ascensión con un bebé de nueve meses cargado en una pechera y equipo inapropiado, según relató el guía experto de la montaña Szymon Stoch. La pareja carecía de casco, pico de escalada y usaba anclajes de pie inadecuados. Stoch los encontró durante su propio ascenso, les advirtió del riesgo y les instó a regresar, pero los padres desoyeron las recomendaciones y siguieron hasta la cima, donde ya no pudieron descender por sus propios medios debido al agotamiento y al cambio del clima, que se presentaba favorable al inicio de la excursión.
La situación obligó a la intervención inmediata del guía, quien cuando les alcanzó tomó en brazos al bebé y lo bajó de la montaña con seguridad mientras los padres, agotados y desorientados, descendían detrás. Todos llegaron al pie de la montaña sin heridas. Stoch detalló el peligro del tramo final: “Estas subidas son muy difíciles”, manifestó, y subrayó la irresponsabilidad de llevar un bebé a ese terreno: “No llevaríamos a un niño de nueve meses a Rysy, ni siquiera en el mejor día. Es una total irresponsabilidad”. El testimonio del profesional y el desenlace afortunado reavivan la alerta sobre la necesidad de asesoría experta y equipo adecuado en entornos peligrosos como las montañas.
El episodio vuelve a poner en evidencia un problema recurrente en estos días: Turistas que subestiman la complejidad del terreno donde pretenden “vivir una experiencia”, ocasionado que servicios de rescate cada año atienden decenas de emergencias por imprudencia. “Las montañas no son un patio de recreo”, advirtió Stoch, y su advertencia resume la lección: Preparación, respeto y sentido común son obligatorios, sobre todo cuando una vida frágil está en juego; la aventura nunca debe anteponerse a la seguridad.

