El comunicado del grupo armado que anuncia un cese temporal de hostilidades desató rechazo y alarma en todo el país. Tras una semana marcada por al menos 60 ataques terroristas en diversas regiones, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) declaró este domingo que suspenderá operaciones desde la medianoche del 24 de diciembre hasta los primeros días de 2026, una decisión que ya circula en redes como ver al ELN de vacaciones. Lejos de ser un gesto de reconciliación, la medida llega después de un paro armado que dejó, según autoridades, al menos cinco muertos y múltiples afectaciones en cerca de veinte departamentos, además de multitud de agentes de seguridad fallecidos y heridos; organismos humanitarios calificaron la crisis como la peor en dos décadas.
La autoproclamada tregua fue presentada por el ELN como “un regalo de Navidad”, pero su tono y el contexto la convierten en un macabro anuncio que no exime responsabilidades. En su comunicado el grupo afirmó: “El Ejército de Liberación Nacional envía al pueblo colombiano un mensaje claro de paz declarando un cese unilateral del fuego para esta temporada de festividades navideñas y fin de año”, atribuido a la Dirección Nacional del ELN. También sostuvo que la orden regirá hasta las “00:00 horas (medianoche) del 3 enero de 2026”, y defendió sus acciones previas alegando que no atacaron a la población civil; sin embargo, el balance oficial contradice esa versión y documenta víctimas y daños materiales.

La comunidad y líderes civiles exigen más que promesas estacionales: Piden una paz real y justicia para las víctimas. El comunicado del ELN incluye frases como “Aclaramos que no es política del ELN realizar operaciones militares que afecten a la población”, pero la realidad de la última semana demuestra lo contrario; además, el grupo anunció que reanudará ataques en 2026 para “defender la soberanía”, lo que refuerza la percepción de que la tregua es temporal y condicionada. Frente a esto, organizaciones humanitarias y sectores políticos reclaman medidas contundentes para proteger a la ciudadanía y avanzar hacia un proceso de paz verificable y permanente, no hacia treguas de temporada que solo sirven para lavar la imagen del terrorismo.
Colombia necesita respuestas firmes: Verdad, reparación y garantías de no repetición. El país no puede aceptar que la violencia se normalice bajo el disfraz de gestos navideños; la sociedad exige que el Estado y la comunidad internacional actúen para desmantelar estructuras criminales y asegurar justicia para las víctimas. Este macabro anuncio y el hecho de ver al ELN de vacaciones deben convertirse en un motivo para un llamado a la unidad nacional para exigir una paz verdadera, con procesos de desarme, esclarecimiento de responsabilidades y políticas públicas que protejan a las comunidades afectadas.








