El Parlamento aprueba medidas contra el acoso y los riesgos de salud mental juvenil a través de una restricción a menores en plataformas.
En un movimiento legislativo sin precedentes en Europa, la Asamblea Nacional de Francia prohíbe las redes sociales para menores de 15 años tras una votación contundente de 116 votos a favor frente a 23 en contra. La propuesta busca erradicar el ciberacoso y proteger la estabilidad emocional de los adolescentes, limitando no solo el acceso a sitios tradicionales, sino también a funciones de interacción integradas en otras plataformas. Al presentar el proyecto, la legisladora centrista Laure Miller fue enfática sobre la necesidad de esta regulación al afirmar que “con esta ley, estamos estableciendo un límite claro en la sociedad y diciendo que las redes sociales no son inofensivas”, marcando una postura firme ante el impacto digital en la juventud.
Esta nueva restricción a menores en plataformas digitales cuenta con el respaldo directo del presidente Emmanuel Macron, quien ha señalado a estos entornos virtuales como catalizadores de la violencia y el deterioro del bienestar social. El gobierno francés pretende que la normativa entre en vigor para el inicio del próximo año académico en septiembre, siguiendo el modelo pionero implementado recientemente por Australia. Sobre la urgencia de la medida, el legislador Thierry Perez destacó que la ley responde a una crisis sanitaria global, asegurando que “las redes sociales han permitido que todos se expresen, pero ¿A qué costo para nuestros hijos?”, evidenciando el consenso político sobre los peligros del consumo digital sin supervisión.
Los datos técnicos de la iniciativa parlamentaria sugieren que Francia prohíbe redes sociales basándose en estudios de opinión pública que muestran un apoyo del 73% por parte de los ciudadanos. La ley obligará a las empresas tecnológicas a implementar mecanismos de verificación de edad que cumplan con los estándares de la Unión Europea, extendiendo además la prohibición del uso de teléfonos inteligentes a las escuelas secundarias. La legisladora Miller subrayó la gravedad de la situación actual al comentar que “nuestros hijos leen menos, duermen menos y se comparan más entre sí”, lo que convierte esta reforma en una defensa de la autonomía intelectual de las nuevas generaciones frente al algoritmo.
A pesar del optimismo gubernamental, la restricción a menores en plataformas enfrenta desafíos técnicos significativos en cuanto a su ejecución efectiva, tomando como referencia las dificultades reportadas en el despliegue del bloqueo australiano. Mientras el Parlamento Europeo insta a otros estados miembros a establecer edades mínimas de acceso, en las calles de París la opinión de los adolescentes permanece dividida entre quienes reconocen los riesgos y quienes ven la medida como excesiva. El cierre de filas institucional queda claro en la visión de los proponentes de la ley, quienes sostienen que la lucha por proteger a la infancia es fundamental, pues, según Miller, “esta es una batalla por las mentes libres” ante un escenario digital cada vez más hostil.








