Hacia un sistema de seguridad basado en penales de máxima desconexión
La idea de 10 nuevas megacárceles en Colombia es la propuesta central de Abelardo de la Espriella, candidato por el movimiento Defensores de la Patria, para transformar radicalmente el panorama penitenciario nacional. Su estrategia plantea la construcción acelerada de diez centros de reclusión masivos mediante una alianza estratégica donde el sector privado asuma el financiamiento y la gestión operativa. Según explicó el aspirante presidencial, la propuesta se basa en “diez megacárceles con diez empresarios (…) la plata la ponen ellos, manejando la parte administrativa”, buscando una eficiencia logística que el Estado no ha logrado bajo los modelos actuales.
Para asegurar el orden interno en estos penales de máxima desconexión, el plan contempla la eliminación definitiva del INPEC, institución a la que el candidato califica de ineficiente. En su reemplazo, se propone la creación de una guardia de élite compuesta por personal militar en retiro, bajo la premisa de que “saco al cáncer ese del INPEC (…) y monto un nuevo cuerpo de prisiones con los veteranos y los reservistas adscritos al Ejército de la Patria”. Esta medida busca militarizar el control de los perímetros para erradicar la corrupción en las líneas de mando carcelario.
La urgencia de implementar estas megacárceles en Colombia se sustenta en el fracaso del sistema actual para contener la criminalidad que se gesta tras las rejas. Datos presentados por el candidato revelan que el confinamiento actual no cumple su función de aislamiento, puesto que “el 72% de las extorsiones de Colombia salen de las cárceles, que no son cárceles, son universidades del crimen”. Ante esta evidencia técnica, el proyecto busca centralizar a los delincuentes de alta peligrosidad en infraestructuras diseñadas específicamente para anular cualquier capacidad de coordinación delictiva externa.
Este modelo de penales de máxima desconexión resembla la filosofía de aislamiento total de la histórica prisión de la Isla Gorgona, priorizando la ubicación en zonas donde la comunicación con el exterior sea físicamente imposible. De la Espriella enfatiza que los complejos deben situarse en “lugares donde no entra ni siquiera la señal de la Santa Cruz para que no sigan haciendo fechorías desde allá”, emulando el modelo de confinamiento en territorios remotos y los métodos de disrupción de señales de instalaciones como el CECOT de El Salvador. Esta proyección técnica sugiere un retorno a las políticas de aislamiento absoluto como herramienta principal para desarticular las redes de extorsión penitenciaria en el país.

