Una emotiva devoción impulsada por los perritos de la parroquia en Covisán
Unos perros que cantan alabanzas y hacen parte de la iglesia se han convertido en los acompañantes más especiales durante los servicios religiosos en la parroquia Santo Domingo Savio, ubicada en el barrio Covisán de la ciudad de Villavicencio. Durante cada eucaristía dominical, Luna y Simón unen sus aullidos a los cantos sagrados, ganándose el cariño sincero de los feligreses. La singular labor y compañía de estos animales se han convertido en un pilar de la vida del párroco Carlos Mario Peña Lopera, quien destacó en entrevistas recientes que “ellos alaban al Señor, cantan al Señor y es algo muy hermoso que ve uno que lo hacen de corazón”.
El hábito musical de las mascotas nació y se consolidó con el paso de las misas domingo a domingo en este sector. La presencia de estos perritos de la parroquia transforma las jornadas espirituales en momentos de profunda alegría para los asistentes. Al sonar la campana que anuncia la eucaristía, ambos animales asumen su lugar habitual cerca del altar para acompañar al párroco y a la música. Según explica el sacerdote “el gusto de los animalitos por el canto surge desde las eucaristías que hemos realizado y seguimos realizando aquí en la parroquia Santo Domingo Savio”.
El lazo de fe y cuidado mutuo entre el religioso y los animales data de hace 7 años, cuando el presbítero decidió rescatar a Luna para ofrecerle un hogar seguro y una vida digna. Tiempo después se sumó Simón a la rutina diaria, consolidando una dupla canina que participa de forma constante en cada jornada espiritual. El padre Carlos Mario Peña resalta el impacto de esta convivencia señalando que “ella (Luna) me ha hecho feliz y, bendito Dios, me ha acompañado ya 7 años”. Para los feligreses de la parroquia, la dedicación de estos perros que cantan alabanzas evidencia una muestra viva de afecto y armonía en el templo.
La costumbre de los animales trasciende los muros de la iglesia e inspira un mensaje de respeto y cuidado hacia la fauna en el barrio Covisán. La integración de estos perritos de la parroquia demuestra la fuerte unión entre la vida espiritual y el amor por los animales en la capital del Meta. El párroco asegura que sus compañeros caninos han “han dado mucha alegría y mucho que decir estos animalitos a esta comunidad, que me siguen en la eucaristía”, asegurando que el templo continuará recibiendo con los brazos abiertos la melodiosa compañía de sus fieles mascotas y cualquier otro animal que se pueda presentar en su puerta.

