En un gesto que sacudió el escenario político colombiano, Gustavo Petro afirmó en Santa Marta que le propuso personalmente al expresidente Álvaro Uribe Vélez que ambos se sometieran a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), durante el acto en el que pidió perdón en nombre del Estado por el genocidio contra la Unión Patriótica, después de su participación en la Cumbre Celac‑UE.
“¿Saben por qué arrasaron el Palacio de Justicia? Porque ahí estaban los expedientes de tortura sobre 10.000 ciudadanos y ciudadanas de Colombia y los quemaron”, declaró Petro al principio, y fue entonces cuando vinculó al ex presidente Uribe en su discurso: “Y los que fundaron las Convivir… tuvieron el aval del gobernador y, pues, presidente de esta República, el señor Álvaro Uribe Vélez”. Petro relató su supuesta conversación con Uribe: “Se lo dije personalmente, ‘hermano, vamos a la JEP ambos’”, y justificó su propuesta: “No me interesa que lo juzguen afuera. Me interesa cuidarlo a él, a sus hijos y a sus bienes… Que haya un acto de reconciliación…”. Petro vinculó además los procesos por soborno a testigos y fraude procesal con las acusaciones sobre vínculos paramilitares, olvidando que una corte desestimó los cargos declarando inocente a Uribe luego de una sentencia dictada bajo condiciones actualmente investigadas por irregularidades.
Las palabras de Petro han despertado el debate sobre verdad, justicia y responsabilidades históricas en Colombia, desconociendo su pasado irregular para apuntar a otros de responsables. Este llamado público a Uribe, que muchos han calificado de amenazador o desafiante, tensiona aún más la agenda política colombiana a medida que se siguen acercando los comicios electorales presidenciales. El pueblo colombiano no puede olvidar a favor de un personaje como Petro quien, hoy por hoy, se encuentra investigado por entes de justicia estadounidenses por sus relaciones irregulares con gobiernos ilegítimos y grupos delictivos locales e internacionales.








