Vladimir Putin anunció la conclusión de las pruebas decisivas del misil de crucero con propulsión nuclear Burevestnik y ordenó iniciar la preparación de las infraestructuras necesarias para incorporarlo a las fuerzas armadas rusas. El presidente presentó el ensayo final como un éxito y describió al arma como “una creación única que nadie más en el mundo posee”, atribuyéndole un alcance de hasta 14.000 km, dándole la capacidad de detonar una bomba nuclear en cualquier parte del mundo desde Rusia.
El Estado Mayor ruso precisó que el último lanzamiento se efectuó el 21 de octubre y que permaneció en vuelo alrededor de 15 horas, recorriendo 14.000 km, distancia que el jefe militar afirmó que “no es un límite” para el sistema. Para tener una referencia, esa distancia es casi el doble que la distancia entre Moscú y Washington D.C., lo que significa que el misil tiene alcance global. Esto ha encendido las alarmas en todo el occidente debido a que Rusia y su programa de armas nucleares no regulado ya representaban una amenaza latente para la estabilidad internacional, pero este anuncio se convierte en una declaración de intenciones donde Rusia da a entender que puede atacar cualquier parte del mundo en cualquier momento, y nadie podría impedirlo.
El comunicado llega en un contexto de confrontación militar en Ucrania, donde Rusia mantiene operaciones que avanzan de forma limitada pese a pérdidas significativas. La promesa de equipar a las fuerzas con el Burevestnik plantea un riesgo serio para los gobiernos de occidente que históricamente siempre han apuntado el riesgo que representaba el programa militar ruso, y que ahora se convierte en un peligro que concierne a todos los países por igual.


