Más de setenta mil fieles llenaron la Plaza de San Pedro del Vaticano este 19 de octubre para la canonización de siete nuevos santos presidida por el Papa León XIV, quien afirmó que su santidad nació de la entrega y el servicio más que de la búsqueda de gloria. En esa misma misa destacó que cada uno “encendió con su vida la lámpara de la fe en tiempos de oscuridad”. Entre los proclamados, el venezolano José Gregorio Hernández Cisneros fue el más celebrado en América Latina: nacido en 1864 en Isnotú (Trujillo, Venezuela) fue médico, investigador y docente; se hizo famoso por atender gratuitamente a los pobres, visitar enfermos en sus casas y compartir los pocos medicamentos que conseguía. Murió en Caracas en 1919 atropellado cuando llevaba medicinas a un paciente, y su memoria popular se transformó en símbolo nacional cuya canonización se sustentó en el milagro de la niña Yaxury Solórzano Ortega, recuperada de un disparo en la cabeza tras la oración confiada al “médico de los pobres”.
También fueron canonizados la venezolana María Carmen Rendiles Martínez, fundadora de las Siervas de Jesús y ejemplo de servicio vivido desde la propia discapacidad. Ignacio Choukrallah Maloyan, arzobispo de Turquía y mártir del genocidio armenio. Pedro To Rot, laico catequista de Papúa Nueva Guinea quien resistió la represión japonesa. María Troncatti, salesiana misionera italiana entre los shuar de la Amazonía ecuatoriana. Vicenza María Poloni, fundadora de las Hermanas de la Misericordia de Verona dedicada a la caridad práctica en Italia. Y por último el italiano Bartolo Longo, convertido promotor del Santuario de Pompeya y de obras de ayuda a huérfanos y marginados.
Al concluir la ceremonia, el Papa León XIV resumió la lección de estos nuevos santos: la santidad se hace visible en la humildad, el servicio y el amor concreto a los demás, transformando trabajos y limitaciones en actos de entrega que iluminan a sus comunidades.


