El nombramiento del general (r) William Rincón como nuevo Director de la Policía Nacional, confirmado este martes 21 de octubre, es una jugada que consolida la profunda y cuestionable injerencia del Gobierno en la cúpula institucional. Este movimiento reincorpora a un oficial que apenas hace ocho meses salió de la Policía, lo que anula cualquier argumento de estabilidad y planeación estratégica, y sugiere un oscuro trato de favor por parte de la Presidencia.
Al traer de vuelta a un uniformado que mantiene una «imagen en sectores del alto Gobierno,» la administración de Petro parece estar priorizando la lealtad política sobre el mérito y la autonomía de la Fuerza Pública. La decisión siembra la duda sobre si el general Rincón regresa para liderar la lucha contra el crimen, o simplemente para asegurar la continuidad de las polémicas directrices del Ejecutivo, garantizando que el mando policial sea ejercido por un «petrista» más.


